José José, el triste que nos hizo felices: aniversario luctuoso

A un año de la lamentable muerte de José José, recordamos la vida y obra del eterno “Príncipe de la Canción”

Este 28 de septiembre se cumple un año de la muerte de José José, considerado por muchos el intérprete romántico de habla hispana más importante de los últimos 50 años. A manera de homenaje, recordamos su vida en sus propias palabras, reproduciendo algunos pasajes tal y como él los narró a los medios de comunicación que lo acompañamos durante más de 50 años de brillante carrera. Pocos como El Príncipe de la Canción, que supo ser de todo y sin medida.

SE FORMÓ EN EL BARRIO

Bautizado como José Rómulo, fue el hijo mayor del tenor José Sosa y La pianista Margarita Ortiz. Nació en la colonia San Rafael el 17 de febrero de 1948, pero desde muy niño se mudó a una modesta casa en Tebas No. 32, en el que siempre consideró su barrio: la colonia Clavería.

Fue aprendiz de mecánico de aviación, y desde muy joven trabajó lo mismo en una empresa dedicada a hacer bobinas que en un taller de litografía, aunque el llamado de su verdadera vocación, la música, lo llevó a formar una agrupación junto a dos vecinos, cuando apenas tenía 14 años.

“Armamos el trío Los PEG (por sus nombres de pila: Pepe, Enrique y Gilberto), en el que, además de cantar, yo tocaba el contrabajo. He de reconocer que nos iba muy bien. En esa época eran muy populares los cafés cantante y recorrimos todos de mesa en mesa, además de otros lugares, como El Tropicana, El Señorial y El Apache 14″.

“Eran desveladas a diario, pero cobrábamos 10 pesos por cada serenata de seis canciones, y aunque en ocasiones hubiera hasta balazos, nos gustaba, porque eso nos permitía llevar dinero a la casa”, recordaba el cantante en entrevista para TVyNovelas, en 2001.

SU PADRE SE OPUSO A QUE CANTARA

La música fue una catarsis ante la complicada situación familiar que enfrentaba. “Yo crecí en una dinámica polarizada que me hizo mucho daño; por un lado, viendo beber a mi papá desde que tuve uso de razón, y por otro, viendo callar a mi madre en tiempos que ni las mujeres ni los niños tenían voz ni voto. Mi papá era alcohólico y neurótico violento. Mi madre era una señorita de pueblo, totalmente chapada a la antigua, así que en la casa se hacía lo que él decía”.

De hecho, su padre se opuso siempre a la idea de que José se dedicara a cantar, argumentando que no se podía vivir dignamente de la música.

“Siempre vivimos en condiciones modestas, porque mi padre sólo ganaba un sueldo como pianista de la iglesia de San Agustín, hasta el día que él se fue de la casa, cuando yo tenía 15 años. Ahí fue cuando, de la noche a la mañana, tuve que hacerme responsable de los gastos, y ese día, también salí a la tienda de la esquina a comprar mi primera anforita de ron y me la tomé con mis compañeros de la cuadra; recuerdo que ni vasos usamos, la tomamos en unas tapas de lámina, y ese fue el inicio de mi relación con el alcohol”, aseguró en vida el intérprete de Volcán.

A pesar de su naciente afición por la bebida, las necesidades económicas lo impulsaron a trabajar arduamente, llegando a dar hasta 21 serenatas al día. “Gracias a una serenata conocí a don Rogerio Azcárraga, quien en 1963 me invitó a hacer una prueba de grabación con una canción de Jimmy Fontana titulada Il Mondo”.

“Con ella me presenté en programas de televisión muy importantes de la época, pero al final no pasó nada, así que seguí en la banda dando serenatas hasta acabarme las manos con el contrabajo; primero, en las tardeadas tocaba rock, y en la noche, boleros”.

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En 1968, otra disquera le ofreció un contrato como solista que al principio no quería aceptar, pero fue su madre quien lo convenció de hacerlo. Ahí su vida dio un giro de 180 grados pues, para empezar, cambió su nombre por el que le daría fama mundial. “El primer José fue por mí, y el segundo como homenaje a mi padre, quien había fallecido por esos días”, aseguraba.

“ME HICE FAMOSO EN UNA NOCHE”

En aquel primer disco como José José, se incluyeron temas que hoy son íconos del cantante, como Cuidado y Pero te extraño, aunque en su momento los ejecutivos de la discográfica no quedaron convencidos con el resultado.

“Decían que era muy fino y a la gente no le iba a gustar, así que le dieron poca promoción. Un año más tarde llegó a mis manos la canción que cambiaría mi historia, La nave del olvido, del argentino Dino Ramos, que se convirtió en mi primer gran éxito nacional e internacional…”.

“Fue algo insólito ver a mi mamá conservando las portadas en hebreo, japonés y griego. Gracias a ese tema la vida me permitió sacarla de trabajar y darle su casa, un auto último modelo y esas cosas que al final de los días no te llevas, pero ayudan mucho”.

El 15 de marzo de 1970 se volvió otra fecha clave de su carrera al participar en el Festival Mundial de la Canción Latina con la canción El triste, de Roberto Cantoral, ante un Teatro Ferrocarrilero totalmente abarrotado.

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Angélica María, Alberto Vázquez, Andrés García, Jorge Ortíz de Pinedo eran sólo algunos de quienes, entre el público, exigían el primer lugar para ese joven que, a pesar de interpretar de manera excepcional su tema, sólo obtuvo una tercera posición.

“Me hice famoso en una noche, tal cual. No sé si haya sido la noche más importante de mi  , pero fue sorprendente ver cómo pasó a la historia, cuando yo ni siquiera gané. Yo estaba muy emocionado, pero no por estar en los primeros tres lugares, sino porque la canción estaba dedicada a mi novia de entonces, quizá por eso canté con tanto sentimiento”, recordaba entre risas el artista durante una charla en 2007.

SU ROMANCE CON ANEL NOREÑA

Ese año fue decisivo pues, aparte de ganar un primer Disco de Oro, rompió récords de  y recibió todos los premios que otorga la industria del entretenimiento en nuestro país.

En contraste, su vida personal comenzó a llenarse de conflictos. Luego de terminar un romance con la modelo Anel Noreña, se casó por despecho con otra mujer, la actriz Natalia “Kiki” Herrera, nieta del expresidente Plutarco Elías Calles, y quien era dos décadas mayor que él.

Ese matrimonio sólo duraría un par de años pero, tras la ruptura, sufrió problemas físicos que lo llevaron incluso al hospital, por una parálisis en la mitad del rostro. El periodo gris terminó cuando se reencontró con Anel, con quien formó una familia en 1976 y se convirtió en padre de sus dos hijos mayores, José Joel y Marysol Sosa.

Ya para los años 80 había grabado 15 álbumes, y su figura era tan popular que hacía hasta 14 presentaciones a la semana, actuaba durante ocho semanas consecutivas en lugares legendarios como El Patio, siempre con temporadas llenas, e incluso protagonizó dos películas: Gavilán o paloma(1985) y Sabor a mí (1988). Pero de la mano del triunfo llegaron también los grandes excesos.

SUS EXCESOS

“Tomaba con desenfreno y mantenía la sobriedad por temporadas. Pasaba meses recogiendo premios, meses trabajando y meses internado por todos los problemas que me provocaba el alcohol. Hubo un momento en el que llegué a pesar 40 kilos, pues diariamente me tomaba tres litros de tequila y un gramo de cocaína, ese era mi alimento”, afirmaba el cantante cuando era cuestionado sobre el tema.

LA VEZ QUE TOCÓ FONDO

Pero un día finalmente tocó fondo. “Había trabajado mucho, y se podría decir que estaba cansado, así que le pregunté a mi exmujer cuánto dinero había en la cuenta de banco, con el propósito de descansar una temporada, y ella me dijo que no había casi nada… Caí en una profunda depresión y me perdí, esa fue la época en la que terminé durmiendo dentro de un taxi, en Tulyehualco, en un lugar conocido como ‘El escuadrón de la muerte’.

Ahí, si alguien llegaba a morir, te alegrabas, porque ya habría entonces una cama para dormir. Luego dábamos vueltas por Peralvillo para buscar cocaína barata con la intención de matarnos, ese era nuestro propósito todos los días”, le confesó a la periodista Adela Micha durante una de sus últimas entrevistas.

MURIÓ SATISFECHO

Fueron meses en condiciones deplorables, hasta que Ricardo Rocha, así como sus amigos y exrepresentantes, Tina Galindo, Fanny Schatz y Darío de León, se propusieron rescatarlo. “Ellos me alentaron a cambiar de vida y me internaron en la clínica de Minneapolis donde, al cabo de casi 50 días de tratamiento, finalmente me recuperé. Fue muy duro, porque no sólo se trata de lidiar con los vicios, sino de lidiar también con el éxito, que muchas veces es el culpable de que uno busque refugiarse en la bebida o las drogas”.

Desde su recuperación prometió no recaer, y lo cumplió, hecho que consideraba el logro más importante de su vida. Además, su público le fue fiel, y durante casi dos décadas siguió dando conciertos y vendiendo millones de discos, a pesar de un problema en la garganta que lo fue dejando casi sin voz y lo retiró de los estudios de grabación en 2001.

Su espíritu inquebrantable lo mantuvo activo también en proyectos de cine, televisión y teatro, sin contar los tributos grabados en su honor por otros artistas.

¿DE QUE MURIÓ JOSÉ JOSÉ?

En 2017 le fue detectado un tumor en el páncreas que lo hizo estar en peligro de muerte, y que logró superar gracias a la actitud positiva con la que siempre enfrentó el problema. En esos días, cuando fue cuestionado sobre si temía a la muerte, su respuesta fue tajante.

“No sé por qué, pero nunca he tenido miedo de morir, pues siempre he creído en Dios… Trabajé 55 años, he dejado un legado muy hermoso, y lo más  importante es que hoy me encuentro satisfecho con lo que soy, con lo que he construido, y vivo sin remordimientos, como debe ser”, dijo.

¿POR QUÉ ES EL PRÍNCIPE DE LA CANCIÓN?

José José  grabó la canción “El Príncipe” , gracias a este tema se ganó el apodo de “El Príncipe de la Canción”, pero este tema no tuvo gran popularidad, a diferencia de otros.

Con información de msn.com